Duelo
Estoy escribiendo esto arrancándome las letras de las manos, porque no me apetece. Cómo no me apetecía abrir los cómics de la pila, ni la puerta de casa, ni la boca y me he forzado a hacerlo.
Cayó noviembre como una perdiz tras un disparo y estoy tratando de recuperar la normalidad, porque es lo que él habría querido que hiciéramos. Por mucho que prefiera hacer cualquier cosa menos esto. Cuando no escribo por aquí es cuando más escribo. No hace falta mostrarlo todo.
Un duelo es una guerra entre dos personas. También aceptar que algo ya no existe. Ponernos frente a frente con lo inevitable. La sangre y el silencio, precipitándose gota a gota. Dejar de dar rodeos. El duelo convierte el conflicto en algo evidente. ¡Ay, El lenguaje!.
He venido a ponerme delante de una pérdida porque confrontar es también sostener la mirada. Antes de alzar la espada, puede que incluso sin necesidad de hacerlo. Será por eso que el español ha reservado la misma palabra para batirnos bajo el sol de mediodía y para las noches en las que es imposible conciliar el sueño.
Una silla vacía, una risa que ya no volveremos a oir. Esa enfermedad innombrable es nuestra guerra civil.
Intento confrontar desde hace tiempo todo lo que puedo y eso hace que para algunas personas sea insoportable. Solo conozco el camino de la verdad, desde que me obligué a no mentir el verano de 2022. Aprendí del mejor. De los que se van queda lo que dejan en nosotros y la responsabilidad de cubrir el rol de su personaje. Porque si antes ya era peleón ahora tengo que serlo por los dos. Como mi mujer cuando alimenta al bebé en su tripa. No sabéis la que os espera.
El camino de la verdad es enfrentarnos a nosotros mismos cuando estamos en un error, aprender a apreciar lo retorcido del mundo aunque ese amor sea imposible. Lo impensable ha sido tener que dejar de hacerlo desde lo abstracto, y luchar por mantenernos firmes en lo cotidiano. Una tostada 0,0 en un bar que no habíamos pisado en un lustro. Una llamada a deshora. Ver llorar a un hombre fuerte, y a dos y a tres. Hemos estado en muchas fiestas y seguimos sin tener ni idea de nada.
Hay gente que habla de salud, dinero y amor. Al mismo nivel. Son los mismos que solo escriben para los demás. El duelo es mas silencio que acero, pero más acero que vaguedad.
Tocaba volver a escribir una carta sin tipex, como a papel y boli. Romper el vacío de estos meses, como si a alguien le importase. Esto es un acto de psicomagia, por si no te habías dado cuenta. Como un rio que desemboca en un botón rojo de “Continuar” y enviar a todos.
Poco a poco volvemos a desembocar en el mar. Te quiero. Vuelvo a la carga.


que valor el tuyo